Opinión

El caos controlado

  • Jueves, 11 de Abril del 2019

    Del desorden y el caos se puede pasar al orden. Esta afirmación, vinculada a los principios de equilibrio de la termodinámica, puede aplicarse también a las empresas. De todos modos, la creatividad y la innovación en el entorno actual necesita de ese caos bajo un orden disciplinado.

    El universo tiende a la expansión y al desorden. Parece un sinsentido, pero es cierto explicado desde las leyes de la termodinámica. Ese desorden se podría ordenar con acciones que lo provoquen. En el universo es difícil actuar, pero no en una organización, en una empresa, en un nanouniverso.

    El desorden del universo se explica por el segundo principio de la termodinámica: todos los sistemas tienden al desorden. La entropía es la medida que da un grado mayor o menor a ese desorden. Un sistema muy entrópico indica mucho desorden entre los nodos de ese sistema. La energía es lo que reduce esa entropía. Es decir, a mayor energía, menor entropía, más orden: en un sistema con nodos calientes, los que lo están más se enfrían al desprender un calor -energía- que es asumido por los nodos fríos, que se calientan equilibrándose con los nodos que se enfrían.

    Pasemos este ejemplo teórico al de una habitación de una vivienda. Por naturaleza, si nadie hace nada, esa habitación tiende a desordenarse -ropa en la silla primero, después en el suelo, objetos varios en la mesita de noche, en la mesa, en la cama, motas de polvo acumulado en el suelo...- Los nodos de esa habitación se ubican en sitios dispersos por microacciones que no tienen sentido. El desorden persiste hasta que uno decide hacer una acción determinante para ordenarla. Si esa acción se repite en el tiempo, el orden se mantendrá. A menor acción -energía- en la habitación, mayor grado de entropía –desorden-.

    De la habitación podemos pasar a la empresa, a la organización. Una empresa entrópica, con un alto grado de entropía, es aquella en la que hay muy pocas acciones para que sus nodos interactúen y generen sinergias que la equilibren. Es una empresa desorganizada, desordenada.

    Es evidente que en esta situación caben liderazgos directivos -energía- para reducir la entropía en la empresa, y ordenarla. Las acciones deben ir encaminadas para inteconectar a todos esos nodos internos y externos que configuran el ecosistema de la empresa. A fin de cuentas, cabe incidir en la relación con el mercado y en los procesos internos de producción.

    Ahora bien, aunque la alta entropía puede llevar al caos, ese caos tampoco debe demonizarse. Un caos controlado puede ser necesario en algunos momentos para aumentar las partículas de la creatividad y la innovación. Volvamos a la termodinámica para entenderlo: si queremos hacer un buen plato de pasta, debemos hacerlo en agua hirviendo. Cuando esa agua empieza su punto de ebullición, hay un alto grado de entropía, con las partículas circulando y chocando a gran velocidad dentro del recipiente. Ese caos normalmente se controla -si no llega una llamada inoportuna que nos aleja de la cocina-, bajando el fuego para que el agua no salga de la cazuela: hay caos pero menor y controlado.

    Pues bien, la organización en caos es el agua hirviendo, y el caos controlado en la organización se consigue bajando el fuego para que los trabajadores -las partículas del agua- sigan actuando en un caos menor. Pero el caos debe seguir. Partículas hiperactivas son positivas para generar creatividad e innovación en la generación de nuevas ideas de soluciones, o de detección de retos estratégicos disruptivos y laterales. La tensión, un tiempo que apremia, hace más productiva la generación de nuevos conceptos. El mercado actual hiperconectado y ultraexigente pide cierto caos en las empresas. Controlado.