Opinión

Coaching a personas. Personas para empresas

  • Miércoles, 14 de Mayo del 2014 CEDE

    La efectividad del coaching profesional está en reforzar los valores únicos en cada persona e integrarlos en las dinámicas de los equipos. Las empresas saben ya que su competitividad será efectiva si aprovecha todas las capacidades que carece a partir de ‘partners’ externos. La misma transversalidad debe aplicarse en la gestión de las personas. Liderar, delegar, compartir empáticamente acaban por beneficiar a cualquier compañía. El coaching profesional ha integrado ya esas bases en su implementación.

    Los directivos de una empresa plantean una nueva estrategia para afrontar un mayor crecimiento. En realidad, son solamente dos o tres los que han apostado por esa novedad con el apoyo de los accionistas. El resto lo aceptan y, evidentemente, lo trasladan con poco convencimiento a sus equipos. Al cabo de pocos meses, la estrategia no está siendo tan buena como se había vendido internamente, pero algunos de los trabajadores disponen de  propuestas válidas sabiendo que aunque las digan no llevarán a ningún sitio.

    Ese caso ficticio puede que muchos de los que lo lean lo hayan ya vivido. Quienes trabajan en las empresas son personas. El exceso de robotización de esas personas a la que se había llegado ha comportado la pérdida de valores clave en el nuevo entorno. Conseguir que cada trabajador se sienta un emprendedor en su ámbito puede conllevar resultados muy positivos.

    En el Observatorio Europeo del Coaching, Daniel Álvarez ya afirma que toda persona consigue mejores soluciones que las que ella misma imagina si “se apropia de su puesto de trabajo para conseguir su mejor versión”.

    También en el Cuaderno CEDE ‘Lo que ayuda a las personas, ayuda a las empresas’ se apunta hacia esa visión. El documento recuerda que se ha dejado de lado fomentar relaciones de confianza, de transparencia de intenciones, el cumplir compromisos o respetar valores humanos en la toma de decisiones y en el liderazgo.

    Para retomar esa senda, las nuevas habilidades de dirección, comunicación y liderazgo ejemplar acaban generando impactos tangibles e intangibles muy positivos. Esos últimos  -mejora en las relaciones de trabajo, con los accionistas, aumento del trabajo en equipo o satisfacción por lo realizado- a la larga acaban siendo buenos para la propia cuenta de resultados de la empresa.

     

    Nuevas aproximaciones

    Un primer paso, por ejemplo, es ayudar en formato ‘mentoring’ a los trabajadores. En un artículo del INSEAD, Joan Palomeras habla de la necesidad de un coaching que refuerce la autoestima dentro y fuera de la empresa. Para ello, debe actuar en reforzar las funciones psicosociales de la persona además de sus funciones profesionales.

    A esa visión le podemos añadir la que apunta Manfred Kets desde su blog en la Harvard Business Review. Kets afirma que a veces los compañeros de trabajo son los mejores coaches.  Ese punto de vista implica que es esencial la transparencia, el compartir y aceptar las capacidades del resto. En el ámbito directivo ese trebajo es aún más importante. Que el equipo directivo trabaje conjuntamente, sin utilizar los medios para conseguir fines personales, es una condición que puede facilitar mucho la mejora de los resultados empresariales.

    Otro aspecto importante es trabajar con los líderes emergentes en las empresas. Es muy fácil que ese talento potencial tenga dificultades por los obstáculos de cargos superiores, que les ven como una amenaza. Eso se refuerza si el valor ‘somos personas’ no está arraigado en la empresa. Mary Jo Asmus ratifica en Smart Blogs esa teoría.

    En ese punto nos encontramos, entonces, con el valor que aportan las competencias transversales en las mismas empresas. Rosa Maria Pita cuenta en un artículo que esas competencias son necesarias para casi todos los empleos. La empatía que comentábamos antes, la coherencia, la predisposición o la comunicación bien entendida son temas que aún no están certificado como debería. Pero tiempo al tiempo, porque algunas universidades están ya empezando a aplicar sistemas de detección y certificación de esas habilidades blandas.