Opinión

Cultura corporativa: más que el 'team building'

  • Jueves, 17 de Enero del 2019

    La cultura corporativa es un elemento de cohesión y de generación de beneficios tangibles e intangibles para la empresa. Este segundo punto refuerza la necesidad de considerar a la cultura corporativa como un aspecto a gestionar como cualquier punto de la cadena de valor. Las actividades para potenciar la cohesión son, entonces, solamente la punta del iceberg de la cultura corporativa.

    Valores, creencias y formas de actuar son tres pilares de la cultura corporativa. El engranaje circula con fluidez en el momento en que toda la organización está alineada con esos pilares y en cómo se presenta la misma interna y externamente.

    La mejor forma que demuestra una buena gestión de la cultura corporativa es cuando, sin saber mucha información, alguien externo afirma que 'esa persona seguro que trabaja en ese sitio'. O, también, cuando se ve un anuncio en cualquier canal y, antes de saber la marca que lo emite, uno ya puede deducir que se trata de esa marca. La cultura genera una identidad, porque esta última expresa los valores, creencias y formas de actuar de la empresa.

    Todo esto es importante tenerlo en cuenta para ratificar que la cultura corporativa es algo que trasciende, por ejemplo, a las actividades internas para generar equipo. Aquí lo que se hace es mantener esa cultura corporativa, o detectar posibles desviaciones que necesitan ser reconducidas hacia el corazón de dicha cultura.

    Por lo tanto, la inoculación de la cultura corporativa se extiende en el cómo se trabaja, cómo se comunican los empleados de todos los niveles entre ellos, cómo se viste, cómo y a quién se contrata, cómo se trata a los clientes y proveedores, la satisfacción de los clientes y otros aspectos vinculados a los mismos procesos.

    Esta afirmación confirma que la cultura corporativa incide en la productividad, en la calidad de la oferta, en la recurrencia de clientes, en la propia retención del talento, en los beneficios... En definitiva, en todos los aspectos que facilitan el éxito de una empresa. Trabajar en la cultura corporativa es una inversión, no un gasto, muy importante para la propia compañía.

    El trabajo sobre esa cultura debe considerarse como un proyecto en sí dentro de la propia organización. Un proyecto transversal en el que el departamento de recursos humanos puede liderarlo, con la implicación de todos los otros departamentos. Un Comité de Cultura Corporativa puede ser un buen punto de partida para marcar las líneas. Después, debe haber un equipo específico que implemente todo el plan de trabajo que debe desarrollarse. Siempre, recordemos, a partir de los valores y creencias que marquen la forma de actuar.

    Las tareas deben hacerse internamente y externamente. En este segundo caso, un buen ejemplo sería la oportunidad de implicar a proveedores en tareas de co-creación colaborativas para mejorar procesos. Esto en sí sería una acción representativa de una empresa con cultura corporativa abierta y basada en implicar a todos los actores del proceso.

    La cultura corporativa, en definitiva, debe tratarse como cualquier otra parte fundamental de la empresa. Puede estar en el mismo nivel que las finanzas, el marketing o las operaciones. De hecho, es la que puede determinar el funcionamiento óptimo de todas esas áreas y otras que definen el funcionamiento de una empresa.