Opinión

Definir valores, aplicar valores

  • Lunes, 9 de Julio del 2018

    El éxito de una empresa depende también de los valores que la definen. La estrategia y los procesos se fundamentan en esos valores. La importancia está en que sean reales, incorporados en el ADN de la compañía. Ello hará que se transmitan al exterior, a los mismos clientes. Por lo tanto, además de definir los valores, deben aplicarse. Y si así se hace, la empresa se diferenciará del resto con altas opciones de éxito.

    Escribir leitmotivs en las paredes de la oficina es un buen signo sobre la inoculación de los valores de una empresa. "Sé tú mismo", "Somos transparentes" son ejemplos de frases que podría ser que estuviesen repartidas por los puestos de trabajo. El problema está cuando nadie puede ser uno mismo porque hay un férreo control de los procesos, o que la transparencia en la empresa es irreal porque hay una incomunicación extrema entre los distintos departamentos y con la dirección.

    Por lo tanto, definir los valores de la empresa es clave si va acompañado de una implementación real, directa y con los riesgos que implica. Porque, efectivamente, puede haber quien no crea en ellos. Si la dirección cree y lo ejemplifica, no puede caber nadie que no esté alineado.

    Y, ¿qué son los valores dentro de una empresa? Son el 'cómo' hacemos las cosas. Si nos vamos a la teoría del 'por qué', 'cómo' y 'qué' de Simon Sinek, de la que hemos hablado en este boletín otras veces, el 'por qué' es la misión de la empresa, el 'cómo' es la forma con la que queremos cumplir esa misión, y el 'qué' es la solución que ofrecemos. Por lo tanto, en las formas, los fundamentos, están los valores.

    Aquí reside uno de los errores en la definición de los valores: confundir la forma con los procesos. Un ejemplo claro podría ser el caso de los restaurantes de comida rápida. El 'servir rápido' a los clientes, ¿es un valor fundamental de la empresa? No. Es un proceso que se presupone en este tipo de restaurantes. En cambio, 'comodidad en el trabajo' podría ser un valor que, aplicado, facilitaría ese proceso de servir rápido. Si trabajamos en un entorno cómodo será menos tedioso conseguir la rapidez en, por ejemplo, horas punta.

    Por lo tanto, cuando definimos los valores, la forma de hacer las cosas, los fundamentos, debemos responder a tres preguntas: ¿Qué es único al trabajar en esta empresa? ¿Cómo los empleados pueden gestionar y ser autónomos a la vez? ¿Qué es intolerable en la empresa?

    La respuesta no puede caer en el error de incorporar los clásicos que, a fin de cuentas, son temas que deben ser propios de cualquier compañía: trabajo en equipo, ética, orientados a cliente, ... Esto, como decíamos, son temas de procesos que se presuponen. La respuesta a esas preguntas serán los fundamentos del funcionamiento de la empresa.

    Un apunte final: los valores son orgánicos. Pueden dejar de tener sentido en algún momento, porque hemos cambiado el modelo de negocio o porque el propio mercado ha cambiado. Por lo tanto, no somos esclavos de ellos, pero cuando son obsoletos deben ser sustituidos por otros que mantengan el concepto de fundamento de la empresa.