Opinión

Estrategia lateral

  • Miércoles, 14 de Octubre del 2020

    Siempre ha sido importante pensar más allá de la línea de negocio habitual. Posicionarse en nuevas aproximaciones permite estar en constante evolución de acuerdo con el mercado. Ahora debe ser ya una obligación en todos los negocios. El cambio del entorno es constante, lo que implica la misma actitud desde las empresas.

    Habitaciones de hotel que se convierten en oficinas por horas. Empresas de distribución de última milla para el retail que dan servicios a hospitales para generar rutas óptimas a las visitas médicas a domicilio. Comercios minoristas en localidades que dan el paso a distribuir packs de sus propios productos en modo 'comercio online'.

    La necesidad actual de mantener las ventas ha obligado a repensar las estrategias y ponerse en modo de pensamiento lateral. La lateralidad implica girar la cabeza a ambos lados y plantear los objetivos con visiones distintas a la propia. Es la base para la innovación abierta.

    Esta forma de modificar la estrategia permite aplicar elementos a veces obvios, pero, por esa razón, nunca abordados. Es obvio que una habitación de hotel puede ser perfectamente una oficina de trabajo para profesionales autónomos. Es más, esa necesidad se percibe desde hace tiempo al ver que muchos de esos profesionales utilizan los halls, o bares, de los hoteles para realizar reuniones. El paso de los halls a la habitación para trabajar individualmente es lógico.

    Pero hasta que no ha habido una reducción severa de la demanda de clientes habituales, los hoteles no han activado esas nuevas líneas de negocio. Si ese cambio funciona, puede ser que en los próximos años los hoteles se conviertan en espacios mixtos que combinen el alojamiento y el coworking.

    ¿No era posible haber aplicado esa estrategia antes de llegar a la crisis actual? Sí. El modelo para conseguirlo está en disponer de ciclos constantes de detección de tendencias de innovación.

    De forma regular, las organizaciones y sus equipos deben detectar lo que ocurre con su consumidor y con área de actuación. El consumidor se comporta y actúa de otras maneras ante otras situaciones que pueden ser activables para nuestro negocio. Es decir, alguien que compra en tiendas físicas especializadas en productos 100% ecológicos, también puede ser que compre online las entradas para su ocio. A partir de aquí, miles de ejemplos que pueden demostrar cómo hay alternativas que una empresa no piensa para aproximarse de forma distinta a su consumidor.

    Pero, además, aparecen oportunidades de nuevos consumidores. Esas arenas estratégicas no exploradas en las que hay espacio para recorrer. Así, aquellos consumidores que solamente compran online pueden, por ejemplo, tener también un espacio para caprichos concretos que le llevan a tiendas físicas especializadas en productos 100% ecológicos.

    Esa periodicidad en la detección de oportunidades laterales se debe activar mediante metodologías propias de la empresa ágil: opiniones de los mismos empleados, opiniones de especialistas externos, de otras organizaciones y, cómo no, de los propios clientes. Mediante sesiones de trabajo y, a su vez, con captación de datos online. Aquí es donde la inteligencia artificial en la gestión de datos abre unas puertas extraordinarias de exploración.

    De momento, la lateralidad debe integrarse en las empresas de forma recurrente para activar oportunidades siempre presentes.