Opinión

Hacia la dirección disruptiva

  • Jueves, 16 de Mayo del 2019

    Si un negocio disruptivo dispone de muchas opciones para ganar en el mercado, lo mismo ocurre con los directivos. La dirección disruptiva, aunque pueda sonar a algo negativo, es todo lo positivo que se pueda relacionar con romper de forma fundamentada con la forma de dirigir. Y, de hecho, es adaptarse a los tiempos actuales, en los que las personas han incorporado en sus vidas acciones y actividades precisamente disruptivas, e impensables hace años.

    Si durante unos minutos, unas horas, se pierde la conexión a la red, cualquier persona empieza a activar todas las opciones posibles para poder recuperar esa conexión. Si se recibe un mensaje en el correo electrónico que avisa sobre la llegada en breve de un producto solicitado, se empezará a movilizar todo lo que esté al alcance en el momento en que se haya superado el tiempo estimado de la recepción del producto.

    Muy posiblemente, esas acciones desesperadas ante esos ejemplos serán disruptivas en sí mismas. Posiblemente, algunas pueden llegar a ser ridículas, pero serán una consecuencia del riesgo que se ha querido tomar para encontrar la solución necesaria. Aquí no hay fundamento objetivo, pero sí los primeros pasos necesario para disrumpir: el riesgo y la creatividad.

    La disrupción, ahora, forma parte de la vida de las personas. Hay muchas posibles acciones a desarrollar, porque hay mucha oferta accesible, y mucha tecnología que permite disponer de ella en el tiempo y la forma deseable. El 'multitasking' está en el orden del día. En los más jóvenes, ese 'multitasking' es ya una característica intrínseca.

    ¿Cómo debe encajar entonces el directivo en este entorno? Incorporando la disrupción en el modelo clásico de gestión de los equipos entendido hasta ahora. De hecho, en el ámbito de la generación de oferta, la innovación disruptiva es aquella que rompe con el mercado. Los equipos con pensamiento disruptivo son aquellos que parten de una necesidad de mercado latente para ofrecer una nueva solución, o que alteran la solución habitual a una necesidad visible con algo impensable hasta ese momento. El 'walkman' -o radiocasete portátil- fue una disrupción. Los vuelos low cost fueron una disrupción. Las plataformas de alquiler turístico han sido una disrupción. Pero su éxito fue y ha sido porque las personas estaban preparadas para ello y, sin demandarlo abiertamente, lo han aceptado con toda naturalidad.

    Por lo tanto, las personas en el entorno laboral, que son 'multitasking', que quieren tener respuesta al instante ante cualquier necesidad o duda  -recordemos el caso de perder la conexión del que hablábamos al inicio-, que son capaces de estrujar su cerebro para encontrar la solución, deben disponer de una guía y dirección adaptada y, también, disruptiva.

    La dirección disruptiva es aquella que incorpora formatos flexibles y nada perfeccionistas. Ello supone guiar más que imponer. Con unas directrices claras se deben ofrecer desafíos al equipo para abrir la opción de aportar soluciones creativas al proyecto. Es aquí cuando la dirección debe seleccionar, pero no antes.

    También la dirección disruptiva es aquella capaz de incorporar, en momentos puntuales, a talentos capacitados y fiables para tareas no directamente vinculadas a esas personas. Ello supone un conocimiento elevado de ese talento, para reclutarlo en el momento necesario y enfocado a un resultado positivo casi asegurado. 

    Evidentemente, la visión estratégica es importante en la dirección disruptiva, porque no se pueden activar las cosas de cualquier manera. Disrumpir no es reaccionar alocadamente. Es, en definitiva, ser muy ágil y flexible, creativo y rompedor con fundamento, adaptable al entorno actual, abierto a los equipos. Es ser un mentor activo y actualizado.