Opinión

Liderazgo disruptivo

  • Jueves, 11 de Junio del 2015 CEDE

    Romper con los esquemas clásicos de liderazgo significa adaptación más que revolución. Las empresas necesitan equipos colaborativos y transversales. Los directivos deben potenciar estas capacidades. El liderazgo disruptivo es aquél que modifica los cánones de la dirección para facilitar ua ejecución más efectiva y en equipo.

    La solidez de un líder va más allá de la autoridad y la jerarquía. De hecho, cada vez es menos creible el mando con puño de hierro que desmonta cualquier obstáculo para conseguir el fin deseado. La disrupción en el liderazgo, ahora, es saber moldear las capacidades del equipo con determinación pero sin brusquedades. No se debe confundir con un modelo asambleario, sino que más bien debe ser un modelo colaborativo.

    Si no existe colaboración por dentro, no hay equipos, con lo que no hay continuidad en el esfuerzo. Estas son palabras del presidente del Comité de Expertos para la Sostenibilidad de las Personas, Víctor Pérez Díaz, en la última entrevista CEDE en Liderando en Positivo. Pérez Díaz apunta la necesidad de que esa colaboración sea formalizada, y no ocasional. Un ejercicio anual de ‘team building’ facilita la cohesión, pero es una aguja en un pajar si solamente sirve como modelo ‘panem et circenses’. Esa cohesión colaborativa interna, además, es la base para el refuerzo de las redes externas de las empresas.

    Este elemento de innovación abierta entre las empresas, que hemos comentado distintas veces en el boletín, refuerza la necesaria disrupción del liderazgo. Es decir, el directivo debe congeniar en un entorno en el que los negocios fluyen con acuerdos y partenariados para aunar capacidades hacia objetivos comunes. Así, la disrupción implica pasar del poder basado en la autoridad a considerar que el poder es mejor en un equipo colaborativo. De salvaguardar la información a compartirla con el resto. De indicar la solución para que el equipo ejecute a generar de manera conjunta esa solución.

    Y aquí, volvemos otra vez a los millennials. Esa generación nacida a inicios de los noventa obliga ya a modificar el trato con los equipos de trabajo. Liderar en ‘modo millennial’ facilita conectar más con el talento del equipo, potenciar la generación de ideas para soluciones y, curiosamente, hacer más efectivo el tiempo de trabajo. Si el líder deja de compartir, todo se ralentiza porque hacen falta demasiados pasos antes de tomar una decisión.

    La disrupción también implica saber ser el referente. Tomar las riendas del equipo es necesario. Los trabajadores deben saber que hay alguien que toma las decisiones finales, que puede hacer de guía en un momento adecuado. La transparencia del líder sirve para poner las reglas de juego sobre la mesa, y eso supone también decir las verdades cuando se deban decir. Eso generará tensiones, pero la tensión positiva es un signo de crecimiento y de avances fructíferos.