Opinión

Realidades para la dirección

  • Miércoles, 16 de Octubre del 2019

    Se constatan los cambios en el entorno. Son realidades la nueva geoestrategia, los nuevos focos económicos, la evolución demográfica, la subida de las nuevas generaciones en los puestos de decisión, la profunda digitalización en todos los ámbitos, la gestión de los datos. Todo ello implica nuevas aproximaciones en las empresas y, especialmente, en la dirección.

    En los próximos años, y no de forma muy lejana, se empezarán a imbricar las lógicas occidentales de funcionamiento con las lógicas de los nuevos centros de decisión, especialmente las del territorio asiático. Hay un dato significativo: de las diez rutas aéreas con más tráfico en 2018, nueve son en zona asiática. La única que no lo es se sitúa en Oceanía-Melbourne-Sidney.

    Evidentemente, este dato no es el determinante para la anterior afirmación, pero es importante tenerlo en cuenta para entender que la globalización implica también un mix de lógicas de funcionamiento. En los últimos años han ocurrido más cosas a tener en cuenta. Por ejemplo, se ha pasado de 730 millones de usuarios de internet en 2000 a 4.300 en 2019. El porcentaje de gente pobre en 1992 era del 29,3%, y ahora es del 11,4%. Actualmente, de las 100 mayores entidades económicas del mundo, 69 son corporaciones y 31 son países. Ahora, ya, aquí, en España, se han hecho pruebas en una autopista con un carril para coches autónomos.

    De estos datos se puede pasar a tendencias que todos tienen ya en su agenda, y los estudios e investigaciones las ratifican. La pirámide invertida en occidente es una realidad en la que se debe trabajar ya para equilibrarla. La sostenibilidad medioambiental y económica es otro tema que se ha validado como algo de lo que se ocupan quien debe ocuparse cada vez con más fuerza.

    La llamada fuerza de trabajo 'líquido', con la flexibilidad inherente, es otro aspecto que se considera -el trabajar 8 horas es algo propio de una sociedad industrial para cubrir los tres turnos de las 24 horas que tiene el día-. Aquí vuelve a aparecer la pirámide invertida y las nuevas lógicas: los millennials/centenials tienen un nuevo modelo implícito de vida. El trabajo forma parte de su ecosistema, pero no es la clave para un proyecto vital cerrado y en su propia geografía: pueden sacrificar sus raíces, hasta un puesto de trabajo mejor cerca de su origen, para conocer nuevas experiencias globales. Además, la forma de trabajar que tienen es menos ortodoxa tal y como la hemos conocido hasta ahora. Les atrae el 'just-in-time' y según proyectos.

    También aumenta el crecimiento de la economía de plataformas generadoras de crecimiento de coste marginal casi cero. Esa idea que inició Apple con la apertura del iPod/iPhone como espacio para que terceros pudiesen generar apps y cobrar una parte de los beneficios se aplica ya a otros ámbitos más 'clásicos' -Airbnb es el mayor hotel del mundo sin tener ningún hotel, Amazon o Aliexpress son de las mayores tiendas del mundo sin tener tiendas físicas-.

    Estas realidades obligan a adaptar los modelos de dirección. Estratégicamente, nada permanece, por lo que el cambio necesario en el momento oportuno es un ejercicio de visión aplicable y en constante revisión. La adaptabilidad ante los nuevos talentos que se integrarán ya, pronto, al mercado laboral es básico para retenerlo. Empoderar a los equipos es una opción. Otra opción en este cambio es, también, disponer de mecanismos factibles para una mayor rotación de la fuerza laboral. Disponer de redes globales de talento específico para proyectos concretos es un elemento en auge. 

    La realidad actual, pues, obliga a los equipos directivos a tomar nota para estar activos ante la transformación y la innovación, a ser ágiles y rápidos y a potenciar el empoderamiento.