Opinión

El valor de la Responsabilidad Social de la Empresa

  • Jueves, 12 de Junio del 2014 CEDE

    Abordar la responsabilidad ante la sociedad se puede hacer tanto desde una estructura organizada como mediante la propia actitud de las personas. La responsabilidad social de la empresa ya va más allá de acciones de posicionamiento. Actualmente su valor pasa por el tamiz de la exigencia de los mismos ciudadanos. Además, indirectamente se convierte en una revalorización de la propia compañía. Y, sobre todo, ya ha dejado de ser algo solamente visible y exigible a las grandes empresas.

    El funcionamiento de una sociedad necesita que todas las piezas del engranaje estén bien engrasadas y alineadas. En el fondo, todos somos parte de esas piezas. Si alguna de ellas deja de funcionar, también somos responsables de ello, y acabamos sufriendo las consecuencias. Uno puede jugar en paralelo los papeles de ciudadano, consumidor, alumno, trabajador, directivo o empresario. Si actúa mal en uno de ellos, en los otros también verá los efectos. Los que participan en el engranaje ‘empresa’ que aquí nos ocupa, entonces, deben velar para que la sociedad pueda avanzar sin fisuras. La Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) es un valor que implica una actitud y, si la compañía dispone de recursos, es bueno que tenga una estructura que la impulse.

    En el seno de la empresa, la responsabilidad empieza desde la propia integridad de los directivos. En el informe de la Fundación CEDE dedicado a esta temática se hace un exhausto repaso a todo lo que atañe a esa integridad. La conciencia del directivo debe estar siempre limpia ante la sociedad en la que vive como ciudadano. Si eso existe, todas las acciones de responsabilidad planeadas podrán ser implementadas de forma sumamente efectiva.

    Lo interesante del tema es que en estos momentos la responsabilidad social ya puede valorizarse en favor de la sociedad y con la participación de sus últimos beneficiarios, las personas. Así, una nueva tendencia de la RSE es la coalición entre empresas y ONGs para ofrecer soluciones adecuadas. Las ONGs conocen el mercado, y las empresas conocen los formatos y procesos para llegar a ese mercado. Como se afirma en ElineCSR, esto solamente lo pueden hacer aquellas empresas que tienen una mentalidad de apertura y dialogo con todo su ecosistema y, principalmente, con los ciudadanos, que acaban siendo los consumidores finales.

    Esto está muy vinculado con el entorno actual en el que se mueve la economía. La globalización y liberalización de los mercados da lugar a una multiculturalidad de aproximacones. La apertura de la comunicación interpersonal también aumenta la mayor concienciación de los ciudadanos sobre la necesaria sostenibilidad local y, también, global. José Luís Fernández explica en uno de los Cuadernos CEDE, ‘Notas sobre la Responsabilidad Social de la Empresa’, que ese entorno debe llevar a una gestión empresarial que integre los propios conceptos de la RSE.

    Así, la propia RSE ya no es solo un departamento que actúa regularmente, sino que está inoculado en el mismo ADN de la compañía. En las pequeñas y medianas empresas ese tipo de gestión responsable ya empieza, además, a estar completamente integrada. Ya lo auguraba hace tres años en un Desayuno CEDE el presidente de Mutua Madrileña, Ignacio Garralda,  cuando afirmaba que la RSE debe ser un signo de identidad de las empresas, e ir más allá de algo accesorio en las compañías.

     

    Impacto e innovación

    Que la RSE haya dejado de ser solamente una nota de color en el posicionamiento de una empresa lo demuestra el nuevo sistema de medición de su impacto, en el que han participado para su elaboración la Fundación Manpower Group, la Fundación Seres y EADA Business School. Las empresas, dice el estudio, deben demostrar y justificar que sus acciones de RSE tienen impacto social en un gran número de grupos de interés: clientes, proceedores, ONGs, comunidad local, accionistas, empleados, sindicatos,…Este impacto se mide por la calidad de vida y el bienestar de los beneficiarios de las acciones. El punto de novedad es que se basa en la misma metodología que el índice de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Responsabilidad para vivir mejor.

    El siguiente reto es integrar la RSE en el concepto de innovación social. Este modelo de innovación se basa en aportar soluciones novedosas ante problemas sociales que resulten más efectivas y sostenibles, con la implicación directa de las empresas. Así lo concreta en un estudio la Fundación Codespa.

    La visión más radical se aporta desde Sigeneration, espacio que afirma que la RSE clásica ha desaparecido para dar paso a la Innovación Social Corporativa. Los retos sociales más importantes en el mundo actual no podrán ser afrontados solamente por gobiernos, instituciones sin ánimo de lucro u ONGs. Las empresas, y aquí si que apuntan a las grandes empresas, tienen también que entrar a participar de lleno en crear modelos de negocio, productos y servicios que proporcionen soluciones viables a los grandes problemas ante los que nos enfrentamos.