Opinión

Yo soy la startup

  • Jueves, 8 de Noviembre del 2018

    En la carrera profesional hay un momento en el que es posible realizar un cambio radical para obtener más con menos a partir de nuevos valores. Es un paso importante porque implica riesgos, aunque los beneficios pueden superarlos. El modelo de trabajo actual lo permite.

    Alguien con funciones directivas puede apostar por su marca personal y ser una startup en un momento de su carrera. Ser una startup significa emprender con un modelo de negocio propio a partir de la experiencia acumulada y de la red tejida durante años.

    Por ejemplo, asesorar y trabajar por proyectos como interim manager es algo que se estila en estos momentos. Las empresas buscan ejecutivos y ejecutivas con experiencia y capacidades probadas para impulsar proyectos concretos. Ello da un empaque al equipo existente. También elimina el sentimiento de amenaza para los que ya están, al enfocarse con cierto sentido de mentoring.

    Lo interesante de esta opción es cómo lo afronta quien la protagoniza. Es un 'downshifting' del modelo que se ha tenido hasta ese momento. Se pasa de disponer muchos recursos a buscarlos en contextos desconocidos; de tener una agenda llena a disponer de 'slots' de tiempo inesperados; de, precisamente, gestionar el tiempo para coordinar a tener que, también, producir.

    El tipo de vida, en definitiva, cambia. El entorno profesional se reduce para potenciar el entorno personal. "He tenido que aprender a saber cómo se imprimen documentos. Y ahora tengo más tiempo para salir a cenar con quien realmente me interesa", se ha escrito en algunos artículos que hablan de este cambio de forma de trabajar y de obtener beneficios.

    Ese 'downshifting' también reduce el volumen del entorno en el que se trabaja. Ahora son organizaciones más pequeñas, en las que uno puede ser más valorado, pero también más exigido. A su vez, es una adaptación al cambio en la captación de talento.

    Efectivamente, el ser uno mismo su startup, es algo que empieza a ser válido en el mundo profesional. Ofrecer servicios profesionales enfocados a objetivos y resultados que permiten más flexibilidad. El cambio hacia la transversalidad y las plataformas de ecosistemas colaborativos abiertos en las empresas ha dejado de ser una insinuación.

    Ya hace algún tiempo que se habla de que en un futuro no muy lejano se trabajará tres días a la semana. No tan radical es esa afirmación si en Nueva Zelanda ya hay una empresa que ha fijado la semana laboral en cuatro días, con buenos resultados en productividad. Eso es algo que las Naciones Unidas ya lo había planteado en 2014.

    Ese ‘downshifting’ global, por decirlo de alguna manera, es uno de los ejemplos del cambio. Ahora bien, los ejecutivos que dan el paso saben que hay un riesgo en la propia facturación y los beneficios. Es muy posible que se reduzca. Si se equilibra de manera sostenible con el estilo de vida, el cambio será casi imperceptible.